Tu nave no ardió, pero el humo entró: cómo se demuestra el daño de un incendio ajeno

Tu nave no ardió, pero el humo entró: cómo se demuestra el daño de un incendio ajeno

Es uno de los avisos más frecuentes que recibimos de los polígonos del Camp de Tarragona y, con diferencia, el peor gestionado. Ardió la parcela de al lado, un contenedor, un almacén de material sintético, un vehículo pesado o una acumulación exterior. En la instalación propia no hubo llama, ni intervención, ni daño estructural. Y sin embargo, cuando se abre a la mañana siguiente, huele. Hay un velo sobre la cubierta interior, un tacto extraño en las estanterías y una capa fina sobre las carcasas de los equipos. La pregunta que nos llega por teléfono es siempre la misma: «no ardimos, pero huele, ¿tengo daño?». La respuesta corta es que casi con toda seguridad sí. La larga es que se puede demostrar, pero solo si se hace pronto y bien.

Por dónde entra el humo en una instalación cerrada

Por más sitios de los que la gente supone. Los lucernarios y las claraboyas rara vez son estancos. Las puertas seccionales tienen holgura en guías y en el faldón inferior. Las extracciones y las tomas de aire de climatización aspiran directamente del exterior y, si estaban en marcha, han metido humo dentro de forma activa durante horas. Las juntas de panel, los pasos de instalación y los encuentros de cerramiento con cubierta completan el cuadro. Y hay un factor adicional muy propio de las naves: la altura. El humo caliente sube, se acumula bajo cubierta y desde ahí desciende lentamente a medida que se enfría, depositándose sobre todo lo que hay debajo con una uniformidad que engaña, porque no deja el rastro sucio y evidente que la gente espera.

El daño existe aunque no se vea

El residuo que entra por deriva es el mismo que se genera en el foco, con la diferencia de que llega más frío, más diluido y más repartido. Si en el incendio ardió material sintético o cableado, ese depósito es ácido y hace exactamente lo mismo que haría en el propio siniestro: se posa sobre metal, capta humedad y empieza a atacar. Que no haya negro en las paredes no significa que no haya problema; significa que el problema está en la fase silenciosa. Hemos visto instalaciones intactas a la vista con corrosión iniciada en el interior de cuadros situados a decenas de metros del punto de entrada del humo.

La secuencia habitual, y por qué acaba mal

Es casi siempre la misma. Se abren puertas de par en par para ventilar, se pasa una limpieza rápida de superficies, se reanuda la actividad al día siguiente y no se documenta nada porque «no fue nuestro incendio». Semanas después empiezan los fallos eléctricos, vuelve el olor con el primer día de calor y se descubre que el stock textil o el embalaje ya no son presentables. Para entonces no hay fotografías del estado inicial, no hay muestreo, no hay inventario y no hay informe. La conversación con la compañía, con la comunidad de propietarios del polígono o con el responsable del siniestro ajeno se convierte en una discusión imposible de ganar.

Qué documentar en las primeras horas

Cuatro cosas, y todas son baratas. Primera, fotografía general y de detalle del estado inicial, incluyendo superficies frías, cubierta interior, estanterías altas y carcasas de equipos, con referencia horaria. Segunda, registro de qué equipos estaban en marcha y cuáles parados durante el episodio, y si la climatización o la extracción estuvieron funcionando: eso explica el reparto del depósito y suele ser determinante. Tercera, muestreo del depósito sobre superficie, que es lo que convierte una sospecha en un dato. Y cuarta, inventario de existencias y de equipamiento presente en la zona afectada. Con esos cuatro elementos, la reclamación se sostiene sola; sin ellos, se cae.

Qué no hacer mientras tanto

No limpiar en profundidad antes de documentar, porque una limpieza bien hecha destruye la prueba del daño. No ventilar a lo bruto sin haber contenido, porque una corriente fuerte levanta las partículas asentadas y las reparte por zonas que estaban limpias. No arrancar equipos que han estado expuestos hasta revisarlos por dentro. Y no tirar mercancía afectada sin haberla fotografiado e inventariado: el material que desaparece sin registro deja de existir a efectos de indemnización, por evidente que fuera su estado.

Cómo se perita este caso

De forma un poco distinta a la de un siniestro propio, porque aquí lo que hay que establecer no es solo el alcance, sino el nexo. Reconstruimos la ruta de entrada del humo, identificamos los puntos de mayor deposición, comparamos superficies expuestas con superficies protegidas dentro de la misma instalación —una diferencia medible entre la cara superior y la cara inferior de una misma estantería vale más que cualquier descripción— y determinamos el tipo de residuo, que suele coincidir con lo que se sabe que ardió en la parcela vecina. A partir de ahí, el informe recoge el mapa de deposición, el inventario de lo expuesto, la valoración del riesgo sobre instalaciones y equipos y la relación de existencias comprometidas.

El caso particular del stock

Es el capítulo que más pérdidas silenciosas genera. Material de embalaje, textil, papel, alimentación envasada, componentes en cajas abiertas: todo eso absorbe olor y retiene partículas, y una parte no vuelve a ser comercializable por mucho que se limpie el exterior. Aquí la honestidad ahorra dinero: separar cuanto antes lo que es recuperable de lo que hay que declarar perdido permite reorganizar el suministro y documentar la pérdida con criterio, en lugar de descubrirla semanas más tarde cuando un cliente devuelve un palé entero.

Y una cuestión de vecindad

En un polígono, un incendio rara vez afecta a una sola parcela. Cuando varias instalaciones han recibido humo del mismo foco, tiene bastante sentido que la peritación se plantee de forma coordinada: un mismo mapa de deposición, un mismo criterio de muestreo y un informe por titular. Sale más rápido, es más barato para todos y, sobre todo, produce una documentación coherente que resulta mucho más difícil de discutir que cinco relatos distintos del mismo episodio. Es la forma de trabajo que proponemos siempre que el aviso llega de más de una empresa del mismo entorno.

A una llamada de distancia

¿Lo vemos juntos?

Valoramos cada caso en Tarragona antes de dar un precio, para que sepas desde el principio a qué atenerte.

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